=Cadáver Exquisito=

miércoles, 19 de octubre de 2011

= Amanecer en Sonata =


Advertencia: La doble publicación “Amanecer en Sonata” es la unión de (Regresar en Sonata + El Frasco del Vacío). La primera incluye el relato de “El banco de la Dama”, la segunda el audiopoema de la “Ópera Némesis – Acto II”. Se toman ambas obras como un bloque con sentido completo, solo compresible por aquellos que “renacen”.
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El banco de madera estaba en la oscuridad, resistiéndose escasamente al sempiterno óxido de la humedad. Se encontraba varado, anclado de pies y manos,  en mitad de la arena de la playa. La luz del paseo marítimo  era trémula, tan apagada y rancia que parecía que quisiera desaparecer. La cortina de lluvia que era espesa, espumosa y densa como las mareas, tapaba, como una manta para quien tiene frío, el cuartel de la Guardia Civil que palidecía en un color beige en el fondo del plano. En la Playa de San Lázaro solo se escuchaban las aguas…

Dibujo: "El Hipomundo" de Coki Rythm Blues (2010)

=Regresar en Sonata=
 
video
Regresar, anhelo mi urna de charol y almohada
Tal vez, pueda ya subir por la escalera de marfil
Y ver, la luz que espera, que queda y que aguarda
Tocar, las antiguas notas y rojiza música del violín
Sentir, una partitura en los dedos para orquesta imaginada
Y saber que la batuta fue espada, de mi obra y batalla
Nacer, renacer, explosión de pétalos para crisálida aletargada
Y paz, morir en paz, si es así el final,
Ahogado en un pomposo aplauso, puedo morir en paz
Y así….siempre podré regresar. 

                                                                                    Nadie
                                                                                     22/10/07
-88 Días sin Amor-
A LaLuna, que le aullo sonatas por las noches
para que no se caiga a pedazos.
A mis ángeles sucios, que siempre ven mis recaídas,
que siempre me rescatan. Eterno retorno.

“Mi chica, mi chica, no me engañes.
Dime, ¿donde dormiste anoche?”
Foto: "Dream(Mantis Religiousa)" de Cornelius Escher(1935)

Ribete del poema:

Sí, me marché lejos, a mi desierto. A pasear entre la bruma y el carbón, iluminado en un limbo de luciérnagas y violines, y a ayunar mascando las tallos espinosos de un rosal. Marché porque sabía bien el camino. Pero no piensen mal. No el de ida….sino el de vuelta.


No, no tuve miedo, no dudé, Siddhartha se convirtió en mí y supe entonces quien era yo. Yo, sin la aridez de la arena. No existo. Yo sin espejos y espejismos. No existo. Yo sin los relojes parados. No existo. Yo sin Jardín. No existo. Yo sin Nívea. No existo. Yo sin el Reino. Yo, sin recuerdos. Yo, sin todo ello. No existo.

 

Dibujo: Partitura “Moldava” para piano de Bedrich Smetana

No temas. Todo lo que un día fue tuyo, estará. Los que te anhelan y tu esperas, estarán. Tus vicios y adulterios, estarán. En ti.

 

Sé, ahora sé que allá donde vaya, en lo lejano y enfermo abriré el breviario y habré sanado. Leeré estas letras y regresaré.

 

Y regresaré, como un predicador desviado relatando que existen paraísos minusválidos, naufragantes de esperma, nacidos entre los pájaros celestiales y las litronas de cerveza.

 

No temas. Puede que en los océanos de los años te olvides a ti mismo. Los recuerdos también regresarán en sonata. Y yo, como recuerdo de esta vida también lo haré. Todo regresar es recuerdo, todo recuerdo es diamante y óxido.

Regresaré para escribir poemas para él. Escribiré cuentos para Nadie.

Esta noche saldré a cazar a mi sombra.

-Las caras tristes de los niños, 
en el jardín-

Corto completo: Arte experimental  “Din of Celestial Birds” de E. Elias Merhige.

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=El Frasco del Vacío=

(El Parpadeo)

     Los objetos de cristal, que parecían asteroides, se estampaban violentamente contra el suelo. Parecían lámparas, quinqués, botellas. Orión alzó la vista. Su panorámica era un cielo purpureo de tremulosa evanescencia arañado por el descenso de esos cientos de faroles en llamas.

Sus ojos eran vidrios que reflectaban la tormenta de impactos. Cayó bruscamente al suelo. Uno de esos objetos había colisionado cerca de sus borceguíes encuerados. Solo quedaban restos, jirones, de su bota izquierda dejando a la vista su necrosa piel de mercurio. La hidrargia había empezado a petrificarle el pié. Sentía como sus músculos y huesos estaban siendo engullidos por esa virulencia que se extendía por su sangre. Un torrente de nauseas le invadió.

Los choques eran violentos, sucesivos, incontables. Cada explosión generaba una ondulación sonora, una ondulación en el tiempo. Salían desprendidas piezas, como si fuese la metralla de un mortero.

Orión intentó caminar pero solo consiguió cojear debido a la enfermedad del mercurio. Era una sombra impotente entre los pequeños añicos que rodaban sobre el paramo cada vez mas desnudo, cada vez mas calcinado.

Miró de nuevo el Frasco del Vacio, su contenido cromatizado había pasado de líquido a gas. Intentó recordar los porqués, recordar a su sensible esposa y a su hija. Pero quedó más satisfecho al apartar esos pensamientos de su cabeza. El no querer a los que nos quieren siempre dota de ventaja y cierto control. Ahora solo le quedaba ser generoso con el presente, con ese onírico presente por el que tropezaba.

Le recorrió con aspereza un enjambre de pensares que le resultaban ajenos y a la vez familiares. Como compartidos y a la vez inexpertos. Simultáneos, de una lógica aplastante, pero inconcebibles: ¿Qué sentirá un cuerpo cuando queda sin recuerdos?, ¿El génesis de la Chatarra será previo o fue posterior?, ¿Los cuerpos del vacío pueden olvidar los crujidos y el Óxido?, ¿Qué sentirá un recuerdo cuando es exiliado de su Chatarra? , ¿Y a mí, me recordarán estos parpadeos?

Todo es chatarra y óxido - pensó en sus profundidades Orión, que se había convertido en un hombre carente, o más bien huérfano, de realidad -Ya no sé ni cómo soy y lo cierto es que me endulza ese no saber. A veces, la única vacuna a mano es el permitirse olvidar -

El viento estaba dejando un extraño sonido en el aire. Su corazón comenzó a palpitar dándole fuertes golpetazos internos. Se tropezaba con su propia andadura y su respirar exhausto. Su aliento alía a fiebre. Orión era un despojo, un caminante minusválido y resacoso atravesando la borrasca.

Todo cuanto existía y había existido estaba repoblado de cráteres, parecían estrellas negras sobre el suelo. Se acercó a uno. Examinó los restos de algo que parecían válvulas, ruedas dentadas y engranajes. El artefacto, que ahora era un desecho metálico, no era una simple lámpara, iba más allá, de cerca parecía obra de una compleja ingeniería. Tomó una hélice de entre las ascuas, chocantemente el objeto rezumaba un frio vivo, como inalterable ante su propia explosión.

Orión se petrificó. Sintió un aullido, tal vez un alarido ciego, un silbido ensordecedor. Era el viento, el viento estaba enturbiado de un retumbar lacerante, como un tambor inhumano. Se echó la mano a la boca, su propio vómito pareció ahogarle. Y entonces alzó la vista. Y lo vio. Vio la colina engrisecida y algo que la hacía oscurecer aun más. Y vio a la criatura. Y vio que aquella figura que emergía era una atrocidad, que su melena era una nube de zarzas, una maraña de espinas, que sus cabellos parecían navajas que se agitaban en el aire. Avanzaba retorciéndose, sombreando la fibra de sus hombros, dando lugar a una corpulencia desequilibrada.

Aquello se colocó en mitad de la colina, como presidiéndola. Sus ojos se encendieron en un fogonazo de terror. Las dos brechas oculares dejaban entrever lenguas de fuego, un rojo sanguíneo y arterial que iluminaba todo el paraje cuarteado. Aquel monstruo parecía requerir tinieblas.

Sintió como se estiraban las células de sus mejillas, como se apretaban los axiomas de su mente. Aun perduraban los efectos entrópicos del jugo  de Kippel. No lo recordaba bien, podían haber pasado dos o tres días desde el último trago al Frasco del Vacío. Tal vez más, tal vez menos. Parpadeó. Entonces recordó lo que era aquella cosa, aquel engendro gris.

Era el Némesis.

Uno de sus zarpones, cuyas yemas eran agujas en filo, se hundía en el peltre rocoso. Su encorvada columna vertebral reflectaba un color violeta que era mancillado por las correderas sombras de las nubes.

Entonces el Némesis alzó la vista. Y lo vio a él. El viento que era cortante y afilado, paso a convertirse en una partitura densa. Como un vacío. El viento no era el viento, el viento era su respirar. Y esa respiración era como el eufórico vibrar de una ópera. Escuchar esa lengua y ese lenguaje le petrificó. Se miraron fijamente. Hubo un vacío. Némesis gritó profundamente, en un desgarro, como si fuese su última súplica. Orión sintió un horror enérgico. El grito que se multiplicaba en ecos le destripó el alma.

Sintió un vacío desolador. Y entonces se llenó de paz. Quería tocar a aquel monstruo,  quiso gritar como él, con él, aullar hasta despedazarse. Era feliz. Sentía terror y era feliz. Se sentía tan completo que no le hubiese importado morir en ese momento. Conmoción o empatía o reflejo. Un sentimiento vitalista y antagónico le aferró el pecho.

Ahora Orión se sentía lleno. Lleno de recuerdos, aunque no fuesen suyos. Miró el Frasco e imaginó los parpadeos de los posteriores tragos. Ansiaba ante todo una bien merecida sobredosis. Se había convertido en un caminante que observaba como el mundo se estaba deshaciendo porque  su mundo terminó hace mucho tiempo.

-El vacio es un lleno, no es negro, es un color que se revuelve. La vacuidad es forma - entendió el caminante y se dijo para así apaciguar su lagunosa hambruna que era tan surtida como su necesidad de excusa.

La lluvia de artefactos no amainaba, seguían cayendo como flechas ignífugas que reventaban en las rocas. Seguía con una mirada fija e hipnótica en la criatura, y vio, que en las laderas de atrás había cientos de ellos que se aproximaban. Todos los que venían caminaban con él.

Le dolían los ojos, resecos y estrangulados ante aquel ser. Apartó la mirada y la agachó. Entonces supo que el Némesis no estaba gritando. Estaba llorando.

Los cielos y el fondo eran de un tinte purpura oscuro. Orión se estremeció al ser inundado por algo fugaz e instantáneo, una explosión, un impacto sobre sí mismo. Sintió desaparecer. Un vacío. Como un parpadeo.

Frasco del Vacío - El Parpadeo

Perspectiva del Final

Foto: "El Parpadeo (Frasco del Vacío)" de Nadie (2011)
Ribete del relato:

El cuerpo encogido de Orión, el caminante, yace sobre una piltra de baldosas enlucidas casi a ras del suelo.

Monic está sentado detrás de la mesa manteniendo una sonrisa macabra en su pellejudo rostro lleno de huesos. Escupe descomunales nubarrones de humo con su pipa, fabricada en espuma de mar y oro rojo, a la par que desordena la baraja con ínsulas de cartomancia.

Apoliom, que carece de brazos, permanece en pié con postura estoica al otro lado.

La estancia, sobrecargada de fruslerías, se medio sostiene en un ambiente pomposo y estrambótico. La iluminación es mínima, semejante a la de una cueva. No hay olor apreciable, la máxima peste es la nada.

Monic y Appoliom discuten. El Frasco del Vacío se halla vacío sobre la mesa.

MONIC

(Jocoso e infantil, envuelto en edificaciones de humo)

Dime, mi querido ángel manco, tú que sabes tanto, tú, que relames el esperma y naufragas en la saliva de la Mente. Dime ¿dónde está esa sabrosura a la que llamas Keppel?, ¿Dónde está?....

APPOLIOM

(De expresión inalterable)

El Keppel cambia de estado, puede haberse evaporado. Puede que esté saturando este salón, puede que esté en todas partes. Pero hay algo que no entiendes, y es que ese frasco debería estar rellenándose por si solo. 

MONIC

(Risueño y perversamente desdeñoso)

Tu aire de superioridad es lamentable, considerando que tu figura y cargo son digno de ridículo y de súbita repudia, lo cual es sabido por todos. Te voy a pedir que te expliques con buen verbo mi ángel tullido, sé que puedes esforzare. Las viejas han dicho de siempre que a quien le faltan brazos con más largura se le desenrolla la lengua…

APPOLIOM

(De expresión inalterable)

Kippel es la basura. En el interior de tu mente y fuera de la misma. Es lo que queda cuando todo es basura. Cuando un cuerpo es engullido por el kippel, este pasa a ser Chatarra. El Kippel no es un vacío, es un ocupado. El Kippel ocupa el espacio del No-Kippel. 

El kippel es la corrosión, es un óxido hambriento, es aquello que se devora las cosas. Se devora los recuerdos, este mundo y tarde o temprano a nosotros. Es una lucha constante entre lo que se crea y se destruye. Es la entropía. 

Por ello, si la Mente aun conserva su poder de creación, ese vaso debería de conservar su capacidad para rellenarse de Vacío. 

Ese caminante tuvo el irreparable error de creer que podía pasear, incluso huir, entre las ilimitadas perspectivas. Todo desperdicio e impurezas. Perspectias fallidas. Perspectias olvidades. Perspectias insoportables. 

MONIC

(Risueño y perversamente desdeñoso)

Apuesto, Appoliom, que tú regalarías esas dos piernas enclenques a cambio de esos desperdicios cochambrosos que mencionas. 

APPOLIOM

(De expresión inalterable que se va tornando pesadumbre)

Esa Chatarra, el hombre que yace ahí, tuvo la bendición y la mortificación de beber del Frasco. Probablemente su insignificante y diminuta mente no fue capaz de “alojar” tales proyecciones. Pobre creación, habrá eliminado todo recuerdo propio para poder albergar tan desproporcionadas realidades. Ahora yace de plasmólisis mental, saturado de un óxido ajeno. 

MONIC

 (Con tono excesivamente agudo. La sonrisa estirándole la tez otorgándole un semblante burlesco hasta romper en carcajadas chillonas)

Sabes, mi príncipe, eres el sarpullido mas sudoroso que hay en La Mente. Desde que entraste en el salón he sentido deseos de comunicártelo… 

APPOLIOM

(De expresión firmemente inalterable)

Calla bufón, no percibes la gravedad de este desorden. ¿Quién tendrá los demás Frascos? ¿Quién tendrá el mío? ¿Qué recordaran aquellos que tengan el castigo de beber del nuestro? 

MONIC

 (Se oscureció, con ojos de diablo)

Calla tú, hablas demasiado. Tengo planes. ¿Y si bebiésemos nosotros los olvidos de ese caminante vegetativo? Asi recordaríamos lo que ha visto...algo es algo. Podriamos enfrascar su kippel… 

APPOLIOM

(De expresión inalterable y con tinta negra en la mirada. Guarda silencio)

MONIC

(Con los dientes sarrosos y afilados carcajea en un rictus de tenebrismo.)

Te aseguro que si todas mis verdades fuesen olvidadas y bebidas por la Mente….tu Appoliom, mi chiquitin, serias un vano olvido. La inexistencia debe ser una eternidad apacible.

APPOLIOM

(De expresión inalterable y con tinta negra en la mirada)

Jamas Mónic, tus infartos mentales no llegarán a ese plano.

MONIC

(Su tono se tuerce ronco y un halo de tinieblas lo envuelve)

No te fíes de tus verdades.


-Hallazgos del Imperio Agonía-
Perspectiva del Final

video
Ópera Némesis: Suena "Protest (from Satyagraha)" de Philip Glass

Kippel*: En el “Frasco del Vacío” el Keppel es un término ambiguo y amplio para referirse a la psinergía oxidada de la Mente. Originariamente deriva de un concepto dickeriano usado en la novela corta de ciencia ficción “¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?” escrita en 1968.


«Kippel son los objetos inútiles, las cartas de propaganda, las cajas de cerillas después de que se ha gastado la última, el envoltorio del periódico del día anterior. Cuando no hay gente el Kippel se reproduce [...] cada vez hay más».


«Este ensayo terminará, la representación también, los cantantes morirán y finalmente la última partitura de la música será destruida de un modo u otro, el nombre de Mozart se desvanecerá y el polvo habrá vencido, si no es en este planeta en otro cualquiera. Solo podemos escapar por un rato. Y los andrillos pueden escapar de mí, y sobrevivir un rato más. Pero los alcanzaré o los hará otro cazador de bonificaciones. En cierto modo -observó-, yo soy parte del proceso de destrucción entrópica.».
Philip K. Dick, ¿Sueñanlos androides 
con ovejas eléctricas?.

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= ÓPERA NÉMESIS  - Acto II =

Audiopoema: "La lengua del Némesis" (Ópera Némesis - Acto II) de Nadie.

=Lengua del Némesis=

He destruido sueños para fabricar pesadillas,
He silenciado a la verdad para darle voz a la mentira,
He asesinado al amor para que de su tumba nazca el odio,
He robado felicidad para repartir penas,
He devorado a la alegría para alimentaros con sufrimiento,
He hecho olvidar la justicia para hacer recordar la infamia,
He dejado sola a la amistad para acompañar a la soledad,
He mantenido cautiva a la paz para dejar libre a la guerra,
He borrado cielos para dibujar infiernos,
He marchitado a la vida para sembrar muerte,
He apagado el sol para encender tinieblas,
He exiliado al albedrio para acoger a la esclavitud,
He fragmentado el perdón para poder fraguar el castigo,
He derribado todo sentimiento para esculpir el fin
Acercaos.....yo soy el Némesis.

En memoria de los Decepcionantes
Odiovitalismo - Mito del Némesis

=Nadie=
15/03/06
-El tiempo de la Amapola-

“Solo soy capaz de odiar a lo fuertemente amado con anterioridad”

Ópera Némesis. Acto II (Serum de Microdio)


Foto: “Némesis Creado” de Nadie (Marzo del 2006)

Némesis*: Es el Superhombre del Odiovitalismo. Este hombre renacido, ya despojado de los grilletes de las emociones decepcionantes, usa el Odio como combustible vital. Según ciertas canciones profetizadoras, podría coincidir con las primitivas criaturas que en el origen custodiaban y forjaron a Less (Orbe que contiene el Odio) en lo que se conoce alegóricamente como Imperio Agonía.


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=El Banco de la Dama=

El banco de madera estaba en la oscuridad, resistiéndose escasamente al sempiterno óxido de la humedad. Se encontraba varado, anclado de pies y manos,  en mitad de la arena de la playa. La luz del paseo marítimo era trémula, tan apagada y rancia que parecía que quisiera desaparecer. La cortina de lluvia que era espesa, espumosa y densa como las mareas, tapaba, como una manta para quien tiene frío, el cuartel de la Guardia Civil que palidecía en un color beige en el fondo del plano. En la Playa de San Lázaro solo se escuchaban las aguas.

Mister Orlik estaba en el banco. Solitario. Meditabundo. Muerto. De nihilismo. Estaba sentado sobre unas letras escritas con poco mimo a espray de las que se podía leer a duras pena: El banco de la Dama.

Creyó escuchar una canción en la lejanía, como difuminándose en el brisa. La reconoció, era la canción de “Diamonds and Rush”. Imaginó a Joan Baez afinándola allí mismo, dedicándosela a esa orilla.

video
Suena: "Diamons and Rust" de Joan Baez.

Una figura apareció, caminó entre la lluvia y se sentó en el banco. Le agarró de la muñeca y giró su cabeza hasta quedar mirándolo fijamente. Medio rostro se le iluminaba con la escasa y sobria iluminación desprendida desde el paseo marítimo. La dama sonrió. La tormenta era como un violín acelerado que formaba oasis de barro

---Está lloviendo y no me moja. Esta lluvia me esquiva, ya ni el agua quiere tocarnos – resopló en voz ronca Mr. Orlik mientras los chorros descendían por el filo de su sombrero- Nos hemos convertido en unos mendigos que ruedan por el suelo y la gente camina por encima.

La dama seguía con su sonrisa a medio dibujo.

---¿Esta noche has salido para cazar a tu sombra? – preguntó Su Playa.

---Si, otra vez. No sé qué nos está persiguiendo – apretó la mandíbula en un rictus de bruxismo - ¿Qué está pasando? ¿Quién nos hace esto? ¿Quién nos quita nuestras figuras, nuestros peones de ajedrez? ¿Quién se está devorando el tablero?.

Se hizo un vacío en la lluvia.

---Esta noche he tenido un sueño- el orvallo se tornaba tempestad y Mr. Orlik continuó su confesión con tono de misántropo­ - Necesito contártelo Mi Playa, necesito desahogarme, necesito que metas en un frasco estos sueños y los bebas por mí. Arrójalos al mar en una botella. Aléjalos. Yo, que soy un Onironauta. Aléjalos. Yo, que soy un médico para el que nadie puedo ser digno paciente.

Paseó la madera con la palma como intentando llevarse en las yemas las letras escritas en el banco. Se encorvó, apoyando los codos en las rodillas.

- Esta noche he tenido un sueño. En mi sueño hay un pianista en el espacio y toca con solo una mano. He soñado con él infinitas veces y siempre me ocurre igual. Sé que el error es mío, lo acepto. A veces pienso que en cualquier momento tocará con las dos. Pero no será cierto, él ya da lo máximo que pueden ofrecer esos cinco dedos. Jamás arrancará a tocar mas allá de lo que está tocando.

-El pianista no me mira y quiero creer que es ciego. Está tocando una canción minimalista de Philip Glass, esa que sale en el Show de Truman en la secuencia en la que huye en el velero. Apesta a gasolina. Detrás suya hay un cisne en sombras que se sostiene sobre un charco de gasolina, pero parece un lago de orina de cristal. Apesta a Orina.

-Hay bellas utopías que padecen de hemiplejias, hay paraísos que van en silla de ruedas - Continuó apretando sin rencor, sin brío, sin garra y sin ánimo el paraguas negro que le hacía de empuñadura - Los patos feos siempre serán cisnes. Los patos feos…

---Hay que ser muy valiente –rompió a hablar Su Playa- para detenerse a admirar la llama cuando no está ardiendo, para admirar el clavo que atraviesa y perfora la vena. Hay que ser muy valiente para quedarse aquí.

-Mírate en el espejo, no vendrán tiempos mejores. Vendrán tiempos distintos.- dijo la dama con medio rostro en sombras pero transmitiendo una completa belleza - No hay sufrimientos peores, sino sufrimientos distintos.

El caballero del sombrero y el paraguas negro admiró al ángel, miró su perfección. Entre los rayos de agua precipitados en líneas y el sonar de la espuma, el vestido blanco del ángel se había convertido en un manantial. El agua sabía respetaba su cuerpo, y a otros no les llegaba a rozar.

Se hizo un vacío en la lluvia.

---Sólo queda esta pieza- Abrió la mano, como pétalos, y mostró un peón de ajedrez negro - Este es el último que nos queda, los otros siete han desaparecido. El Tirano se los llevó.

El dolor encogió las arrugas de sus ojeras. Sé, que todas las ojeras ocultan una historia.

---Mientras quede uno habrá unidad. El Reino estará a salvo. Eso lo aprendí de un Rey – la dama sonrió como si su sonrisa fuese eterna - Cuéntame otra vez la historia de porqué te llamas Mr Orlik – pidió simulando un tono ingenuo.

---Es la historia de un rey que nunca tuvo reino. Te encantaba escucharla cuando eras niña.

---Amanecer – leí omniscientemente en la dama.

Se hizo la lluvia en el vacío.

---Sé que has venido aquí a morir, sobre este poema escrito en el banco. A morir en paz. Pero aún no - con su mano empapada le acarició la mejilla que ahora era un trozo de nostalgia – Aun no.
-Amanecer- dijo Su Playa – Has de volver. Conquista el mundo. Sálvales.

-Siempre podrás regresar a este banco, a este torso de arena, tu desierto de escarcha salina – Ella se dejó mirar por el onironauta, dejó que mirase sus ojos verdes aceituna que vibraban como la resonancia de una caja de música -He encontrado una playa en la que nunca siento frio, encontré una playa para que siempre pasearas conmigo”- su voz parecían las teclas tristes de un piano de cola.

-Amanecer- dijo Su Playa

Parecía que todo lo que existía lejos del banco se había desaparecido. Ya solo existía el Rompeolas y la espuma etérea suspendida en el aire.

---Mientras tú vivas, vivirá esta playa-  dijo él
---Mientras esta playa viva, viviré yo – dijo ella

-Lo importante no es a dónde llegas, sino de dónde vienes. Tal vez no sepas a dónde vas, pero si sabes cómo se vuelve. Siempre podrás regresar, regresar en sonata. Regresar a mi. Yo te esperaré aquí sentada. Te esperé para siempre.

Se hizo un vacío en la lluvia.

El paseo marítimo seguía en un convulso claroscuro. El caballero del paraguas cerrado se alejaba de la dama, del banco. La despedida le pareció un silencio. Ahora el agua le arañaba los poros. Se alejaba como Rorschach , como un universo a punto de detonar, se vanagloriaba en su renacer como Don quijote, entre montañas y con fe insana en su bálsamo de Fierabrás.

Tenía que reconstruir el mundo, conquistarlo, torturar sin piedad al ladrón de figuras y reagrupar a los siete Imperfectos. Hizo gloria a un Lucky Strike para homenajear el reactivado halo de romanticismo oscuro. De nuevo era el capitán Ahab frente a su leviatán. Salió a correr hacia el vetusto Ford Mondeo con manchas de dragón. No había tiempo que perder. Amanecía por dentro.

-La Playa de San Lázaro-
La Liga de los Imperfectos


Foto: “For a Game of Chess” de Marcel Duchamp
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-Little Jey: Haber, haber…muevo uno de los ocho manzanos, de 7C a 5C. ¿Te acuerdas Señor Mo, te acuerdas de aquella lejana película?.
-Mo: Jey, no me intentes distraer con tus baratos trucos de magia. Me aburres hasta lo infinito.
-Little Jey: ¡Ohh, no te acuerdas!! Me decepcionas enormemente. Además de perfecto eres decepcionante….(un breve intervalo de silencio)…”los ocho manzanos no retrocedemos y a nuestro rey siempre protegemos”.

-Mo: (…) Es cierto, pero eso fue hace mucho tiempo. Mucho. Muevo 2B a la casilla 3B.
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-Corre Gretel el Paraíso nos espera-

Otras nadas del cuento

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Pasen y Firmen